
Buenas noches diablillos!
Otro día más, me encuentro aquí para comentaros ciertas cosas que creo que os resultarán interesantes. Hoy, vamos a hablar de la pequeña reliquia que Cris me regaló, hace ya un tiempo:
...Deja que mire en mi bola de cristal...
Hoy día estas palabras se dicen casi siempre como respuesta sarcástica a preguntas sobre el futuro. Sin embargo, los que practicaban alguna de las muchas artes de adivinación se toman la bola de cristal muy en serio. En Hogwarts, la profesora Trelawney enseña a sus alumnos de tercero el método correcto de escudriñar el brumoso interior de la bola, y les asegura que si tienen paciencia y están relajados, serán recompensados con alguna visión premonitoria. Harry, Ron y Hermione se muestran, como poco, escépticos, pero son muchos los que sí creen en los poderes reveladores de la bola de cristal.
Aunque hasta la Edad Media no se usaran bolas de cristal, la cristalomancia, el arte de mirar el interior de un cristal, ya sea pulido o natural, tratando de ver el futuro, forma parte de una tradición más antigua. Se trata de una variante del divisamiento, un método de adivinación que consiste en mirar fijamente una superficie clara o reflectante hasta que empiezan a formarse imágenes, ya sea dentro del objeto mismo o dentro de la mente del practicante. Parece ser que en todas las culturas se ha practicado alguna forma de divisamiento. En la antigua Mesopotamia, los adivinos vertían aceite en cuencos con agua e interpretaban las formas que aparecían en la superficie. El profeta bíblico José llevaba siempre encima una copa de plata que usaba para beber y para divisar el futuro. Los antiguos egipcios, árabes y persas miraban en cuencos llenos de tinta, mientras que los griegos observaban espejos relucientes y metales bruñidos con la esperanza de percibir visiones iluminadoras. Por su parte, los romanos fueron los primeros cristalománticos auténticos, pues preferían escudriñar el interior de cristales de cuarzo o berilo pulidos (aunque no necesariamente redondos).
Pero incluso en aquellos tiempos, una escéptica como Hermione no podría haberse convertido en una buena observadora de cristal, ya que la sinceridad, una actitud mental positiva y la fe en el proceso eran consideradas fundamentales para el éxito. El cristalomántico ideal tenía tenia que ser una persona pura, tanto en lo espiritual como en lo físico, y debían prepararse para cada sesión rezando y haciendo ayuno durante unos días. Solía usarse una habitación especial, de ambiente solemne y ceremonial. Con esta preparación y esta atención por el mínimo detalle se trataba de ayudar al vidente a conseguir un estado de trance mientras contemplaba el cristal, facilitando así que se aparecieran imágenes en su mente. Los antiguos reconocían que, fuera lo que fuera lo que veían los cristalománticos, era fruto de su propia mente y no procedía realmente del cristal. De todos modos, estas visiones se tomaban como verdaderas profecías y no como meras ensoñaciones.
En algunas culturas se pensaban que los niños resultaban los mejores videntes, pues eran espiritualmente puros y más abiertos a la imaginación que los adultos. Esta teoría era ampliamente aceptada en Europa renacentista, donde era posible contratar a un niño o niña para que predijera el futuro mediante un ritual de consulta del cristal, similar a aquel de épocas antiguas, donde también había plegarias, incienso y palabras mágicas. En este periodo tanto niños como adultos comenzaron a escudriñar bolas de cristal con fines más prácticos, como descubrir la identidad de algún criminal o localizar algún bien perdido o robado. Por ejemplo, en una crónica fechada en 1671 se habla de un mercader que, viendo que estaban constantemente robándole su mercancía, decidió pasearse por las calles cercanas a media noche en compañía de un niño y una niña, a los que hacía mirar dentro de un cristal hasta que vislumbraran cómo era el ladrón. Lo que nunca sabremos es si al final atrapó al hombre correcto.
Sin duda, la bola de cristal más famosa del Renacimiento perteneció a John Dee, un matemático, astrónomo, alquimista y erudito inglés muy respetado, que fue contratado para calcular la hora astrológicamente más adecuada para la coronación de la reina Isabel I, en 1588. Dee profesaba un gran interés por el divisamiento como modo de contactar con el mundo de los ángeles y los espíritus, que él creía que poseían unos conocimientos imposibles de obtener en otro sitio. Tenía una bola de cristal, que él mismo describió como <>. Desgraciadamente, por muchas horas que pasara Dee mirando su bola, no era capaz de ver nada. En lugar de rendirse, contrató a Edward Kelly, un vidente profesional al que muchos estudiosos consideran un estafador. Durante dos años, los dos hombres trabajaron codo con codo, Dee haciendo preguntas y Kelly mirando en el interior de la bola de cristal y dando respuestas. Juntos, Dee y Kelly redactaron un montón de libros llenos de mensajes de espíritus, incluido uno en que se predecía la ejecución de María Estuardo, reina de los escoceses, que ocurrió en febrero de 1586. Actualmente la bola de cristal de Dee esta guardada en el Museo Británico de Londres, Inglaterra.
Al igual que Dee, algunos lectores modernos de bola de cristal usan sus esferas con la intención de comunicarse con el mundo espiritual. Otros dicen la buenaventura o tratan de localizar a personas desaparecidas. La mayoría siguen procedimientos similares a los de las épocas más remotas, si bien los preparativos no son tan rigurosos. Eso sí: se presta especial atención al aspecto de la habitación, y la sesión de lectura de la bola suele hacerse bajo una luz tenue. La bola de cristal, es por lo general, una esfera perfecta de unos diez centímetros de diámetro, y puede ser de color blanco, azul, violeta, amarillo, verde, opalescente o transparente. Tradicionalmente, la bola reposa en un pie de ébano, marfil o madera de boj, muy pulido. Cuando se realiza la lectura, el vidente puede colocar la bola sobre una mesa o bien sostenerla en la palma de la mano contra un fondo de tela negra.
Hoy día suele asociarse las bolas de cristal con los escaparates de las tiendas donde trabajan personas que se hacen llamar videntes, o con adivinos itinerantes que, como el doctor Maravilla de El Mago de Oz, aseguran ser capaces de <>. Aunque el arte del divisamiento ya no cuenta con el respeto universal del que gozaba en épocas pasadas, sigue desempeñando un papel importante en muchas culturas. Hay que destacar que el actual Dalai Lama fue descubierto precisamente a través del divisamiento por un comité de monjes que buscaban su identidad contemplando las aguas del lago Lhotso, en Tibet.

Mi bola es como esta.
Menuda entrada la de hoy; me he hinchado a copiar. Sí sí, la he copiado, de un libro de un compañero, al que saludo desde aquí: Fuentes, gracias por tu libro!! ^^. Y después de este saludo ``tan amistoso´´ xD, nos despedimos hasta mañana.
Cuidaros amigos!